Las has visto mil veces en la tele y en el cine. Transmiten esa sensación de desolación, de vagar errático que viene muy bien para los western crepusculares y los lugares remotos y despoblados.
Son el jardín portátil de los pueblos fantasma del desierto.
Las has visto mil veces enredadas en el viento por los caminos, playas y carreteras. Son fugitivas, caprichosas, impredecibles. Son como el viajero extremo: sin rumbo , sin destino, buscando un lugar propicio en el que ser transplantado.

