
Llevaba mucho tiempo con la idea de conocer el Hotel De Las Letras. Por un lado, me atraía su nombre y las fotos que había visto en diversos soportes del hotel. Por otro lado, la ubicación, en plena Gran Via madrileña. Sabía que iba a poder disfrutar de mi estancia en Madrid. Callejear, perderme en el tumulto de la ciudad y poder disfrutar como turista de una ciudad que cada día que regreso me sorprende más.
Ya en la recepción me sorprendí favorablemente. Era como entrar en un antiguo edifico con solera de Madrid pero con una decoración más chic. Colorido y lámparas de papel que contrastan con la cerámica antigua de antaño. A la derecha se accede a la conocida cafetería y restaurante del hotel, muy acogedora la verdad. Para los lectores empedernidos, y apasionados del papel escrito, este hotel no les dejará indiferentes. Entre una decoración minimalista, la gente de a pie, entra y sale constantemente de la cafeteria del Hotel De Las Letras. Dan ganas de coger un libro y dejarte llevar. Es como estar en casa, una biblioteca con café y copas y lo que quieras. Muy agradable la verdad. El restaurante de ambiente relajado también es muy acogedor y las vistas a través de las cristaleras recuerdan los cafés de toda la vida pero más urbanos y modernos claro.

En el hotel también hay una biblioteca al uso, silenciosa y con un buen número de ejemplares. No hace falta llevarlos en la maleta. Seguro que el viajero encuentra alguno de su gusto. Es como entrar en una librería y rebuscar algún título interesante. Y para que el cliente quede satisfecho del todo, el hotel también cuenta con el Spa DL´s. Según el slogan del hotel que, por cierto, es muy visual desde la entrada, el spa es “para relajarse, alejar el estrés o simplemente mimarse”.
También podría decir que el Hotel De Las Letras es un hotel literario, no porque se hayan alojado escritores, que supongo que si, sino porque las paredes de los pasillos del hotel y de las habitaciones tienen poemas escritos e incluso el texto de Cortázar Instrucciones para subir una escalera. Y es que, es de los pocos hoteles en los que he estado, en el que subir la escalera es como subir y bajar la escalera de La Comunidad y detenerte a cada paso. Los pasillos son largos, con muchos ventanales, un patio central típico madrileño que se conserva a la perfección y algo muy de agradecer: la luz es la protagonista indiscutible del hotel. Madera en el suelo muy bien conservada, y colores cálidos, azul, mostaza claro y rojo cereza. El contraste entre lo clásico y lo moderno muy equilibrado también en las habitaciones del hotel. Una opción muy recomendable en la que se puede elegir entre las habitaciones denominadas básicas, las superiores, las plus con terraza y las DL´s con terrraza y jacuzzi. Si el viajero quiere más espacio hay una Duplex. Las vistas desde la terraza son formidables y con el sol y la terraza le dan ganas a uno de quedarse a vivir allí. Se me ocurre un desayuno al aire libre, en el centro de Madrid. Las vacaciones urbanas , al fin de al cabo, también son vacaciones.
El diseño urbano cálido sería la característica principal del Hotel De Las Letras, la limpieza de las habitaciones es excepcional. El espacio está aprovechado al máximo con lo básico, minimalismo como característica, pantalla de plasma en la pared, baños en gresite blanco, paredes en rojo y cortina en azul, set de baño al detalle. Armarios cómodos y de líneas depuradas, todo un placer visual desde principio a fin que me ha gustado mucho.
Y la terraza del hotel, impresionante de verdad. Todo madera, muebles de diseño sin excesos, barra para los clientes que quieren disfrutar en primavera y verano del cielo madrileño. El hotel es ideal para ver una ciudad como Madrid, para relajarse, para mirar, charlar y alimentar el espíritu de serenidad, de reflexión, de lectura o de lo que a uno le haga más feliz. Un buen hotel para un viaje inolvidable.
Imagine que lee un libro o que es protagonista de una película o que son las dos cosas a la vez. Los largos pasillos sugieren muchas imágenes, el ascensor antiguo es un protagonista más y la terraza es más cinéfila todavía. La próxima vez me llevaré el último libro de Haruki Murakami y creo que ya habré visto la última película de Isabel Coixet. Los sonidos de Madrid se atenuan mientras me alejo en el tren. Seguro que regresaré.

