Santiago de Compostela tiene algo especial, algo mágico que pocas ciudades tienen. Me aborda una sensación extraña al entrar por primera vez en la ciudad, como la que producen aquellos lugares un tanto míticos a los que llegas después de haber oído mil y una historias sobre ellos…
Será porque Santiago es en sí una meta, un destino, un lugar anhelado durante siglos adonde llegar. Será porque Santiago es el final de un camino, de un recorrido. Será porque muchos siglos de Historia parecen anclados en sus calles de piedra, en su Universidad, en sus escuelas, en sus conventos e iglesias. Será porque es fácil imaginarse a los estudiantes de muchas generaciones saliendo de Fonseca, o a los miles de peregrinos que han entrado en la ciudad caminando desde toda Europa. Será por las colinas de verde intenso que rodean la ciudad, o por el aire fresco del mar que se intuye a lo lejos. Será por mil razones, pero Santiago es un lugar mágico… de piedra, musgo y hierba, de pulpo, cultura y música tradicional, de ciencia y letras, de fé y de arte, de política y fiesta.
Si se llega en coche, una buena opción es aparcar en el Parking de San Clemente. Lo primero de todo que se debe hacer al llegar a Santiago, es asomarse al paseo de la Alameda, justo detrás del parking. Ahí asoma el Santiago de las postales, la mejor vista panorámica de la ciudad, con la catedral en primer plano. Un lugar para sentarse y mirar, mirar y mirar.
Cuando estemos hartos de contemplar, nos dirigimos hacia la meta de la meta, la Catedral, bajando por las calles de Rúa do Vilar, Rúa do Franco, Rúa da Raiña. Innumerables bares, restaurantes y tiendas jalonan estas calles, epicentro de la vida gastronómica, comercial y de copas del viejo Santiago. Antes habremos pasado por la encantadora Plaza de Toural.
Y llegamos a la Catedral. No sabría decir cual de las 4 plazas que la rodean me gusta más, porque cada una tiene su personalidad muy marcada. Da igual, hay que ver las 4 y que cada uno decida: Praza Praterías, Praza da Quintana, Praza da Inmaculada y la archifamosa Praza do Obradoiro, sin duda la más famosa y la de la visión más amplia con el Pórtico de la Gloria al frente.
Piedra por los 4 costados, palacios, conventos, monasterios, iglesias en cada esquina… mires a donde mires, si te gustan las ciudades hechas de piedra, éste es tu sitio. Plaza tras plaza, fuente tras fuente, cruceiro tras cruceiro, la vida de Santiago se muestra tranquila y culta. Es fácil encontrar jóvenes gallegos bailando músicas celtas en plena calle, conciertos improvisados en las puertas de algún bar, decenas de restaurantes compitiendo en calidad gastronómica mezclados con algún peregrino movido por cualquier razón interior y turistas cargados con sus cámaras de fotos.
Y mención especial para el Mercado de Abastos, entre la Universidad y el Convento de San Agustín. De repente, Galicia se muestra aquí en su versión más rural. Decenas de mujeres, con los mejores frutos de sus huertas y granjas, se colocan en el mercado y en la calle, comerciando del mismo modo como se hace desde hace siglos.
Y saliendo de Santiago hacia el oeste encontramos el Santiago del futuro, aún en construcción. La Ciudad de la Cultura se hiergue en un monte cercano como continuación de los siglos de cultura que la ciudad ha aportado a la Humanidad. Santiago quiere seguir siendo referencia cultural en los próximos siglos, y ésta será su nueva aportación.
















El hotel AC Palacio del Retiro


El primero de ellos se encuentra en
Los dos siguientes hoteles que os quiero recomendar están en las Islas, ya sé, un poco lejos para una noche, pero porque no regalarnos cinco y alejarnos de este duro invierno para acercarnos al maravillos clima que disfrutan allí??? Además los precios para estas fechas nunca van a ser tan altos como en plena temporada de verano.
Por último me gustaría recomendar un hotelito más modesto que los anteriores pero al cual le tengo bastante cariño. El
chimenea (no es una super chimenea, pero da calor!) y cama con dosel, quién puede pedir más…

El otro espacio que me impactó fue el restaurante. Un ejemplo de líneas depuradas pero muy vanguardista en el que el espectáculo de la plaza entra en el mismo y se hace protagonista, sobre todo por las noches. Y una atención exquisita y un servicio personalizado para compartir con quien más quieras. El
Y la terraza del hotel para perderse en las noches de verano. Bailar, charlar y escuchar el bullicio de la plaza en pleno barrio de Chueca para que las noches se alarguen hasta el amanecer. Qué mejor que reservar este hotel, el
El 



Quien más y quien menos ha estado ya alguna vez en 
A diez minutos andando del centro de 


Eslovenia, es un país pequeño, tranquilo, con paisajes fascinantes, perfecto para personas viajeras que ya conocen otras ciudades europeas como 
lago hay un iglesia, a la cual sólo se puede acceder en un agradable paseo en barca, en lo alto de la montaña hay un castillo .
Ya en la recepción me sorprendí favorablemente. Era como entrar en un antiguo edifico con solera de Madrid pero con una decoración más chic. Colorido y lámparas de papel que contrastan con la cerámica antigua de antaño. A la derecha se accede a la conocida cafetería y restaurante del hotel, muy acogedora la verdad. Para los lectores empedernidos, y apasionados del papel escrito, este hotel no les dejará indiferentes. Entre una decoración minimalista, la gente de a pie, entra y sale constantemente de la cafeteria del 

Y la terraza del hotel, impresionante de verdad. Todo madera, muebles de diseño sin excesos, barra para los clientes que quieren disfrutar en primavera y verano del cielo madrileño. El hotel es ideal para ver una ciudad como Madrid, para relajarse, para mirar, charlar y alimentar el espíritu de serenidad, de reflexión, de lectura o de lo que a uno le haga más feliz. Un buen hotel para un viaje inolvidable.
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