Cualquier pretexto es bueno a la hora de viajar. Uno se fabrica sus lugares fetiche a la medida, aunque ya algunos de ellos hayan sido frecuentados por otros. Si quieres algunas recomendaciones en esta línea no tienes más que continuar leyendo. En un viaje de temáticas universales no podía faltar la literatura como no puede faltar el cine. Los recuerdos de las lecturas como los recuerdos de las mejores imágenes, vertebran el eje emocional de cualquiera y eso deja huella sentimental y cultural.
Hay tantas excusas para viajar como destinos. El viaje en sí mismo es una búsqueda como las que haces en los libros. Siempre queda algo por descubrir y aprender. Y el final del camino o lo pones tú o lo pone el libro. La lectura de Londres de Virginia Woolf es el vivo retrato de una época y de un paisaje memorables, un librito reconfortante, retratista e inteligente, yendo siempre más allá de lo que parece y que nos ofrece una imagen recuperada del pasado de Bloomsbury, la actividad y el pulso de una ciudad que ha mantenido hasta nuestros días gran parte de su encanto victoriano. Ahora está más de actualidad que nunca y si quieres aprovechar su carácter literario no puedes dejar escapar la ocasión y de la mano de Conan Doyle visitar los lugares esenciales en el personaje de Sherlock Holmes.
Si Venecia es pura música de las letras, lo es en Muerte en Venecia de Thomas Mann. La belleza de la ciudad y la decadencia finisecular de la que somos testigos en sus páginas es lo que queremos encontrar en una ciudad que resplandece bajo las miradas de todos los viajeros que la visitan. El Lido veneciano nos aguarda, los canales de la esplendorosa y la acción en un escenario que retrató Patricia Highsmith a la perfección en El talento de Mr. Ripley.
La trilogía de Nueva York de Paul Auster nos ofrece una ciudad fantasmagórica en la que el azar y la incertidumbre lo impregnan todo de misterio y El Palacio de la Luna representa el Nueva York más auténtico. Me viene a la memoria La hoguera de las vanidades de Wolfe, El hombre que inventó Manhattan de Ray Loriga o Truman Capote y su Desayuno en Tiffanys, Manhattan Transfer de dos Passos, infinidad de títulos. Si quieres un detalle exhaustivo de los libros con esencia neoyorquina descubre el mapa literario de Manhattan es muy extenso y variado. Un placer para los viajeros amantes de los libros y de sus mil caras.
Hay tantas Nueva York como enamorados de la ciudad. Paris es la otra ciudad cumbre en la literarura con sus puentes, sus cafés y sus personajes del pasado. Recuerdo a Coco Chanel, La Rayuela de Cortázar o Henry Miller y sus Trópicos. Y la imprescindible Paris no se acaba nunca de Enrique Vila-Matas. Si sigo la consigna de Italo Calvino de recorrer la ciudad como si fuera un libro, entonces me imagino recorriendo cada uno de los cafés con memoria literaria, el cementerio de Père Lachaise o las calles del barrio de Saint Germain.
A Fernando Pessoa le debemos el carácter más literario y profundo de Lisboa. Esta ciudad que está hecha para callejear es uno de los exponentes de cómo la literatura y vida se confunden. Si quieres tener esa misma sensación en Buenos Aires viaja de la mano de Ernesto Sábato y de sus libros . No hay más que leer las descripciones de las calles de la ciudad y del Parque Lezama. ¿A quién no le ha marcado el paisaje urbano de las ciudades que visita?.
Barcelona ya no es lo mismo desde que leímos La sombra del viento de Zafón. Si quieres puedes hacer una visita hiperliteraria con Icono serveis y rememorar la intriga de la novela paso a paso.
En esta lista podría haber muchos lugares más: Praga, Florencia, Madrid, Estambul, China ahora la lista la puedes continuar tú.


























en la pequeña población finlandesa de Sonkajärvi, desafiando la lluvia y el cansancio para superar un difícil recorrido con mujeres colgando cabeza abajo sobre las espaldas.
Los estonios, imbatibles, ganan la mayoría de las veces y uno de los premios que se llevan es el peso de su mujer en cerveza.








Aprovechando que las distancias son pequeñas recorrí Málaga en un tiempo record. Me alojé en el mismo centro en el hotel Ac Málaga Palacio, recomendada por un amigo que acude a la ciudad en Semana Santa todos los años. Las habitaciones son espaciosas y luminosas pero el Bar Restaurante ático fue lo que más me impactó. Qué vistas, desde allí la Alcazaba, el Castillo y el Paseo Marítimo nos sorprenden por su belleza. El pasado histórico de la ciudad ante nuestros ojos es la prueba más evidente de que sin él es imposible comprender a sus gentes.


Viajar con niños a esta ciudad da para mucho, ya que las familias pueden disfrutar de la Ciudad de las Artes y las Ciencias y ahora ya, desde hace un año, de uno de los zoos más impresionantes de los últimos que he visitado.
Por otro lado, el protagonismo lo sigue manteniendo
Después de mi experiencia en el hotel Urbem, ya nada será igual. Superar el listón que ha puesto este hotel con respecto a mis escapadas anteriores va a ser un poco difícil la verdad. Si bien cada viaje es un momento distinto y hay que disfrutarlo como si fuese la primera vez. No lo duden, el estilo trendy del hotel, su elegencia, pulcritud, y desayunos selectos he de calificarlos como inmejorables así como su homenaje zen a los jardines, al espacio y a la decoración . Situado frente a la Ciudad de las Artes y al lado del Centro comercial Aqua no les defraudará.
