
El viaje en barco de Helsinki a Estocolmo merece un post aparte (éste mismo). Hablaré más a fondo sobre las capitales sueca y finlandesas, pero me voy a centrar en el centro –valga la redundancia-, en este caso, el mar. La experiencia podría haber sido más emocionante si hubiera ido a nado, pero en el último momento decidí tomar un barco. No vaya a ser que se me rice el pelo con la humedad.
Hay varias compañías que realizan el trayecto, pero yo contraté la Silja Line. El barco a Estocolmo sale a las 17:00 del puerto Olympia y llega a las 9:30 a su destino. Aún tratándose de muchas horas, el viaje es cómodo y divertido.
Existen muchas cabinas de diferentes categorías: diferentes tipos de suits de lujo , cabina familiar, clase A, clase B, clase C. Yo estaba en esta última y me pareció todo un lujo. La cabina, vale, no tenía ventana, pero sí un baño con de todo, hasta secador de pelo; también sábanas, armario, escritorio. ¡Esto es un hotel! A pesar de que la cama invitaba a echar una siesta, me fui a descubrir el barco.

Vayamos por (las) partes (dijo un sexador de pollos):
Lo primero que vi al entrar al barco fue un mago haciendo trucos para los niños, una mascota perro y varios zanquistas. Supongo que éstos con para demostrar que el barco se mueve poco, aunque a mí, el hecho de ver este escenario me hizo pensar que tengo que dejar los alucinógenos. Detrás de ellos, numerosos ascensores recorren los 12 pisos del nao. 12 son muchos.

Cual polilla hambrienta me dirijo hacia las luces, un casino co tragaperras de todo tipo me invitaba a jugar –también hay más máquinas repartidas por el barco-. Pues bien, recordemos que viajamos de Finlandia Euro a Suecia Corona Sueca. Le di a la palanca y: Barco-Barco-Limón… ¡¡¡Barco-Barco-Barco!!!
Gané 30€ en monedas que no me pude gastar en su destino, así que me quedé con un ladrillo en la cartera. Eso me pasa por mis aviesas intenciones. Con tal conmoción corrí hacia la tienda de cosméticos, no para comprar sino para probarme todas las muestras (lo hace todo el mundo, no lo niegues). ¿Qué estoy oyendo?, ¿música?, ¿gritos? ¡Pero si hay hasta discoteca! Ya fuera de mí me lancé a la sala Atlantis Palace en la que se estaban bebiendo cócteles y cervezas mientras se veía un peculiar espectáculo (hay muchos durante el viaje).
Me entró hambre y pude escoger entre un buffet, un restaurante indio o una marisquería; se ve que aquí se mueve pasta- en el restaurante italiano ni te cuento-. Mucha gente se metía entre pecho y espalda auténticas mariscadas que ni Obélix podría. Tras dejarme parte del dinero de las tragaperras me voy al supermercado Tax Free –libre de impuestos-. Ya se sabe, alcohol y cigarros más baratos que en tierra.
Sólo había visto una pequeña parte del barco.

Paseando, paseando me recorrí la zona de juegos para los peques, varios bares –era de esperar, un Irlandés-, un elegante Spa, una peluquería –espero que no se mueva mucho el barco mientras me cortan el flequillo-, un cine, una piscina con saunas, tiendas de ropa y de souvenirs, y cómo no, la discoteca en donde pasar la noche.
Tras algunos bailes con arrítmicos –pero guapos- guiris, me fui a dormir la mona a mi cabina. Que será clase C, pero descansé como una reina a la espera de Estocolmo.





















Las nuevas tendencias en el universo del viaje están orientadas indiscutiblemente a la sorpresa del viajero. Cada vez somos más exigentes y difíciles de sorprender. En los últimos años el ingenio se ha agudizado al máximo. Ya no vale con los viajes a la Luna o a las antípodas, dormir en el hielo o en la mansión de algún noble que alquila su casa por horas. Si quiere estar a la última déjese sorprender por la oferta de los hoteles submarino. El retorno al origen del hombre y al medio acuático está presente en el mundo desde el principio. No hay nada más atractivo que sumergirse en el agua y respirar.
sello en la ciudad. Para ese año está previsto que abra sus puertas un hotel bajo el agua, el H2O Estambul. Siguiendo la estela de hoteles como el Poseidón Undersea Resort de las Fidji con unas vistas impresionantes del fondo marino o del Hydrópolis de Dubai, esperaremos a ver si los precios son asequibles para las próximas vacaciones.
Alejados de los lugares exóticos y al que le guste más la cultura sueca, el lugar más recomendable es el
Como decía cada vez somos viajeros más exigentes. El futuro está también en la explotación de los recursos de los que disponemos. El mar es un medio que habitar como lo puede ser cualquier isla abandonada, o cualquier rincón del universo. La cultura de la conservación de los paraísos cercanos y lejanos tiene que encaminarse a que el ser humano habite y explore lugares diversos. Recuerdo la plataforma petrolífera de La vida secreta de las palabras de Isabel Coixet y me pregunto, si no sería el lugar perfecto para quedarme a meditar durante un largo tiempo. Cuántas plataformas habrá por allí abandonadas. Desde una de ellas las vistas serán seguramente impresionantes, puedo imaginarme el ruido del mar y el vértigo. Cualquier sitio puede ser hoy un buen sitio. Mañana me voy a la Península de Roatán.
