Resultan ya casi tópicas las escenas de “esplendor en la hierba” en Central Park cuando llega el buen tiempo. Cestas de mercado, manteles de cuadros rojos y blancos, ensaladas de patata, té helado y frisbees en Sheep Meadow y Great Lawn… bondades neoyorquinas arquetípicas.
Pero hay otros lugares para el democrático ejercicio del picnicking que además permiten hacer visitas interesantes y ofrecen nuevas perspectivas de Manhattan. Y aprovechando que estamos en el crisol donde se funden todas las culturas y razas del mundo mundial, vamos a ponerle especia y exotismo a nuestra cesta.
Así que primero nos ponemos musiquita, nos vamos de compras y luego vemos dónde nos tumbamos.
The Mercer Hotel, aka the 75 room luxury boutique hotel in downtown New York City; en pleno Soho, ocupa un edificio del siglo XIX y tiene una estructura tipo loft ; es decir, techos altísimos y enormes ventanales que inundan las habitaciones y las suites de luz natural. Sábanas de algodón egipcio en las enormes camas, bañeras de mármol donde caben dos personas, una biblioteca en el vestibulo repleta de exquisitas publicaciones…
Me he despertado frivolín esta mañana. Así que voy a darle gusto a mi amiga Gypsy Rose Lee. Entiéndaseme bien: le voy a contar por dónde discurre la peregrinación neoyorkina a Santa Carrie Bradshaw. A ver si se le pasan los vértigos contemplando el skyline de Manhattan. Desde aquí te lo digo Gypsy, la ruta te va a salir por un ojo de la cara; y luego, para compensar a la famélica legión, vemos cómo hacerse un “NYC por la patilla” a ritmo de Gogol Bordello, punk gitano neoyorkino.
Y que quede claro que mi devoción es más bien por la parroquia de Holly Golightly.