Hay que acabar de una vez por todas con los números redondos. Y de paso con las efemérides y las fiestas de guardar. Celebremos nuestro día de no cumpleaños y entreguemos la medalla de oro al subcampeón.
Qué emoción, nuestro artículo #99. Esto hay que celebrarlo. Recordando lo compartido hasta hoy, por ejemplo.
Si acabas de unirte al club, bienvenido: le echas un ojo aunque sea en diagonal a lo que sigue y te haces una idea de lo que te espera si continúas siendo uno de los nuestros. Asumimos que es muy probable que salgas huyendo para no volver más después del primer parrafo.
Y si eres más o menos habitual (mon semblable, mon frere etc), que sepas que todos los días pensamos en ti cuando escribimos. Y que tratamos de hacerlo lo mejor que sabemos. Sólo pretendemos compartir experiencia e información sobre un mundo que nos apasiona de la manera más amena y original que encontramos.
En el club viajero los amigos no se hacen; se reconocen.
Zarpamos a finales de junio de 2008 siguiendo la recomendación gastronómica de un buen amigo de Estambul. Y con el estómago lleno entonamos el hosana en las alturas desde el tejado de la catedral de Santiago de Compostela. Nos tomamos una ginjinha en el Rossio de Lisboa, compramos baklava y camisetas de Ottoman Empire en Estambul, visitamos la Suiza-hawaina de China, nos colamos en la alcoba de los auxiliares de vuelo de una aeronave de KLM y de ahí nos fuimos a visitar los hoteles de Armani, Bvlgari, Versace y Camper.
Fuimos a Berlín y nos alojamos en un hotel flotante, volvimos a Lisboa a tomar el tranvía 28, paseamos Toronto con una guía virtual ejemplar, vimos algunos videos de viaje de Geobeats y tanto navegar por Internet nos topamos con Enjutomojamuto.
Nos recuperamos de las risas sobrevolando Egipto con Google Earth y visitando Karnak en 3D. Se nos pusieron los pelos de punta viendo una película argentina rebueeena, reeegia, báaarbara sobre seguridad aérea, y siguiendo en plan reivindicativo flipamos con el impacto que el hombre tiene sobre el paisaje de nuestro frágil planeta y lo rematamos con una de Expo y Sibaritismo Sostenible. Chorros de agua sudamos al abandonar nuestro portátil en un control de seguridad aeroportuario y ya que lo recuperamos al otro lado de la cinta nos echamos un bailecito con Matt Harding.
Andábamos en plena canícula y se nos ocurrió alojarnos en hoteles de hielo, iglús y vivacs invernales. Un buen amigo nos recomendó que en Helsinki hay que ir a la freiduría y nos tomamos el penúltimo gintonic con Sergio Algora en el Peter´s Bar de Horta hablando de ballenas, Melville y Vila-Matas.
Paseamos la playa kilométrica y casi desierta del Morro de Sao Paulo, muy cerca de Salvador de Bahía, nos hicimos pasar por bruxellois en Bruselas, echamos la red en busca de guías de viaje gratuitas y compartimos la pesca. Después no recuerdo si tuvimos un episodio de aerofobia o nos reprogramaron el vuelo, pero el caso es que acabamos pasando la noche en el aeropuerto y aprendiendo trucos de supervivencia. Una vez fuera del séptimo anillo del infierno, hambrientos y frenéticos, nos unimos a Anthony Bourdain y nos lo comimos todo. Después de aquello estábamos ya preparados para alojarnos en cualquier frenopático o aterrizar en un pequeño aeropuerto de la cordillera andina.
Dimos instrucciones para disfrutar Petra y nos aconsejaron que para dejar de ser turistas en una ciudad había que correr enseguida a su mercado y a su cine. Recomendamos un libro sobre la sorprendente y a veces delirante cultura popular tailandesa y la asistencia al Congreso de Turismo Mágico de Yeste. Celebramos que Rosas es el primer municipio de España con edificios 3D en Google Earth. Le hicimos hola desde aquí con la mano a nuestros amigos Jorge y Guillem en su Ruta de la Seda en tercera clase, pero no pudieron vernos porque están lejos y la tierra es redonda.
Iba a comenzar pronto la Olimpiada, así que Luna (寮犲崥) nos sugirió una visita por Beijing y nos regalamos una guía de conversación inglés-chino mandarín. Después nos empeñamos en proponer viajes al margen de los caminos trillados y concluímos que Montenegro, Armenia, Bután, Mozambique, Madagascar, Reunión, o Panama pueden ser destinos viajeros estupendos. Y llegamos a los confines del mundo, al más remoto cibercafé, donde nos sorprendió el finisterre de los links.
Hemos frecuentado bastante Nueva York, donde hemos seguido la ruta de Santa Carrie Bradshaw, alojado en un Hotel-Loft carísimo de la muerte, pedaleado con David Byrne y los de las banderas negras y asistido a exposiciones y espectáculos de todo tipo por la patilla. Finalmente nos tumbamos en la hierba de un parque a celebrar tremendo picnic étnico. Y supimos que podíamos contratar un traslado en helicóptero del JFK a Manhattan por 30€.
También homenajeamos a Luis Pancorbo, que nos hizo renegar del etnocentrismo. Propusimos la lectura de La India por dentro de Álvaro Entrerría. Y volvimos a quedarnos colgados en un aeropuerto, pero esta vez íbamos pertrechados de un Mini Motel, donde tumbados cómodamente vimos un video de National Geographic sobre la Guatemala profunda.
El 08/08/08 nos pusimos en onda con un traductor inglés-chino por móvil y en tiempo real y, tras el subidón comunista de la ceremonia de inauguración, nos dimos un paseo nostálgico por Berlín Este, donde nos alojamos en un hotel en cuya recepción hay relojes que sólo marcan la hora de Berlín, La Habana, Moscú y Pekín.
Más tarde o más temprano nos iba a salir el cronopio que llevamos dentro, así que en un fin de semana inolvidable Cortázar, el autonauta de la cosmopista, nos ayudó a entender cómo viajan los cronopios, descubrimos hoteles en Europa cronopio-friendly y nos pusimos a hacer Turismo Experimental con Joel Henry de Latourex, otro que tal baila.
Llevábamos ya tal subidón que volamos en globos y zeppelines para ver el mundo desde el cielo, nos hicimos un finde lowcost en Basilea y, haciendo planes para ser felices en Gambia, recordamos que estaría bien explorar el Africa urbana, de modo que nos lanzamos a descubrir Dakar y Ciudad del Cabo.
El feliz hallazgo del Matryomin, el souvenir bizarro definitivo, nos procuró nuestros 15 minutos de fama cuando alguien nos meneó el post; pero todo quedó en una delirante discusión filológica.
Fue por entonces cuando decidimos seguir la pista de Carvalho y Biscuter en su vuelta al mundo y ya hemos cruzado con ellos Europa, Egipto y acabamos de llegar a Tierra Santa.
También hemos tenido experiencias de viaje extremo con vegetales, emulado a Bill Murray por las calles de Tokyo en compañía de una rubia con master en filosofía, adelgazado en Praga y navegado en carguero entre lobos de mar. Incluso estuvimos a punto de ir a Alaska, pero una ominosa cazadora de alces nos aterrorizó tanto que pensamos en buscar refugio en un crucero de lujo, aunque nuestra condición sexual no nos permitió unirnos a los 1700 alegres cruceristas del Constellation. Al final acabamos planeando una travesía por la Antartida, fascinados por los usos amorosos de los pingüinos.
Nos dio por mezclar chiclé con banana, y nos paseamos por Miami y Copacabana, por su lado exclusivo y también por la acera más canalla.
Le hemos tomado el pulso a las grandes ciudades a través del metro, seguido la pista de insignes grafiteros. Guías voluntarios se han ofrecido a enseñarnos su ciudad de manera altruista. Nos fuimos de farra por el centro de Amsterdam gobernando a duras penas un ingenio rodante a pedales cargado de barriles de cerveza. Pero también hemos navegando lenta y civilizadamente por el Canal del Midi.
En Londres sonó la campana de Pavlov, nos pusimos a salivar y descubrimos que comer en la capital de la Pérfida Albion puede ser onerosísimo pero también muy barato y original si te gustan las especias lejanas.
Hicimos acopio de herramientas de viajero en Chokti y Day In, flipamos con los mapas en 3D de Onionmap y Google Maps Mania nos sirvió en bandeja un montón de recursos para visitar París.
Nos sorprendieron con hoteles hechos con contenedores y con jumbos reciclados en hoteles. Alucinamos con un rayo que atravesaba a un avión de la Quantas mientras sobrevolaba Australia. Supimos que una compañía aérea estuvo a punto de quebrar por culpa de un error en un link en una publicación online americana sobre inversiones. Y es que hay pánico a volar, crisis galopante y se han registrado un montón de incidencias y hasta una catástrofe.
Los últimos días nos ha dado por subirnos a todos los trenes de lujo de España y Europa, incluyendo el Orient Express, y no sé si quedará presupuesto para terminar esta serie con más grandes viajes sobre raíles en América, Asia, África y Oceanía.
Y el viernes pasado sopesamos la posiblidad de recorrer el Valle de Loira, en bici o navegando.
Gracias por habernos acompañado hasta aquí.
Seguiremos informando.










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