Este artículo está dedicado a todos los cenizos que andan proclamando que el viaje es ya una experiencia “light” y que la globalización ha hecho del mundo un lugar homogéneo, monótono y predecible.
Para el viajero despierto y hambriento el universo mundo (globalizado, sí) ofrece todavía un sinfin de variaciones sobre el mismo tema, una sinfonía colorista, amena y espectacular.
Es por ejemplo un lugar común decir que Tailandia ya no es lo que era, que haber sido durante décadas destino asiático estrella de las mayoristas y de los viajes programados, lo han convertido en un paraíso exótico domesticado, un pálido reflejo del deslumbrante lugar que un día fue.
Pero el viajero despierto y hambriento de experiencias que huye de los tópicos y sendas más frecuentadas y se aventura a pecho descubierto en la realidad socio-cultural del país, no va a dejar de asombrarse y maravillarse. Incluso en la hipermoderna Bangkok, o en las masificadas playas de Phuket o Phi Phi, se encuentran verdaderas joyas de la cultura popular thai; eso sí, puestas al día.
En noviembre pasado recorrí Tailandia durante 20 días con la mochila a cuestas viajando en tren, autobús, avión low cost, tomando tuk tuks, taxis, piraguas a motor, songthaews y pegando la hebra con los locales siempre que podía.
El espectáculo de la vida cotidiana tailandesa seduce todavía. Y la perplejidad y el asombro por lo que veía me acompañaron todos los días.
¿Por qué le ponen sal a esas bolsas de zumos de frutas? ¿Por qué están enganchados a los inhaladores? ¿De dónde les viene la pasión por las gominolas? ¿Y su pasión por las indumentarias gremiales? ¿De dónde vienen todos esos edificios con fachadas greco-romanas? ¿Y la espectacular escena gay? ¿Y el diseño kistch-pop-camp de sillas y mesas en los lugares públicos? ¿Por qué hay alfabetos por todos los lados? ¿Y esa fascinación por los amuletos y talismanes? ¿Los altares en los taxis? ¿Las esculturas fálicas? ¿La fascinación por el número 9? ¿La abundancia de chamanes y mediums? ¿De verdad van todos hasta las cejas de Red Bull?
A casi todos estos enigmas de la cultura popular thai encontré cumplida respuesta en un libro que es de lectura obligada antes, durante y después de un viaje por Tailandia.
Very Thai, Everyday Popular culture, obra de un escritor inglés que vivió muchos años en el país y de un fotógrafo americano. De momento, sólo en inglés
Ahora bien, dos enigmas inquietantes no encontraron respuesta en estas páginas.
¿Por qué casi todos los adolescentes parecen Koji Kabuto?
Y sobre todo: ¿por qué tantos gays tienen la misma pinta de nuestro Falete?



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