La Ruta de la Seda en tercera clase

Recuerdas que durante los viajes a los que nos llevaba mi madre, cuando éramos niños, solíamos escaparnos del vagón-cama para ir a corretear por los vagones de tercera clase. Los hombres que veíamos recostados en el hombro de un desconocido, en un vagón sobrecargado, o simplemente tirados por el suelo, nos fascinaban. Nos parecían más reales que las gentes que frecuentaban nuestras familias. Una noche, en la estación de Tolón, regresando de Cannes a Paris, vimos a los viajeros de tercera bebiendo en la pequeña fuente del andén; un obrero te ofreció agua en una cantimplora de soldado; te la bebiste de un trago, y en seguida me lanzaste la mirada de la pequeñuela que acababa de realizar la primera hazaña de su vida… Hemos nacido pasajeros de primera clase; pero, a diferencia del reglamento de los grandes barcos, aquello parecía prohibirnos las terceras clases

Rogerg Vailland, Beau Masque

Los amigos no se hacen; se reconocen.

Eso más o menos les pasó a Jorge Fernández y Guillem López, fotografos y viajeros tan apasionados como talentosos.

Por ahí andan; haciendo realidad el sueño del viajero. Una Ruta de la Seda en tercera clase emprendida en octubre pasado. La última entrada de este interesante (y a veces desopilante) blog es del domingo 27 de julio y les situaba en Xinjiang. Piensan llegar hasta Mongolia y tomar desde allí el Transiberiano hasta Moscú…

En tercera clase, claro, donde se obran los prodigios.

Buen viaje, amigos.

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