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Almuerce en la Place du Luxembourg y mézclese con los funcionarios europeos mientras disfruta de una hermosa panorámica del Parlamento.
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Acompañe un café o un té con un crujiente “spéculoos” (galleta especiada y aromatizada)
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Ascienda a la terraza panorámica de hierro y cristal del restaurante del MIM, donde podrá deleitarse con una vista fantástica de Bruselas. Si puede, pronuncie en alto y en varias lenguas oficiales una declaración de amor por “su” ciudad.
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No se pierda el excelente maridaje del art nouveau y el cómic: visite la Casa Autrique, pero como si fuera costumbre en usted.
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Finja normalidad cuando se tope con el mural de Tintín, Milú y el Capitán Haddock que decora la calle Etuve camino del Manneken Pis. (La foto hágala de madrugada y clandestinamente)
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Haga como un “bruxellois”: compre un cucurucho de patatas fritas en cualquiera de las “friture” de la ciudad y disfrútelas en plena calle acompañadas de salsa mayonesa. Las de la Maison Antoine son muy celebradas.
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Beba un vino caliente en Le Roi d’Espagne, en la Grand Place, en el mismo lugar donde los tercios de Flandes trasegaron pintas.
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Acuda a un concierto en el BOZAR, sala de acústica excepcional.
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Meriende y compre chocolates en las galerías reales Saint-Hubert.
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Y no; las gabardinas grises, las pipas y los paraguas ya no son buena idea para ser tomado por uno de ellos.
Y de regalo un mapa interactivo del centro histórico de Bruselas.
Merci Bien!



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