El tranvía 28 de Lisboa

Un clásico de la ciudad. No hay guía de viaje ni artículo que no incluya este recorrido en esta línea de tranvía que une Campo de Ourique (junto al cementerio de Prazeres) y Martim Moniz, bajo el Castillo de San Jorge y junto a Mouraria y Alfama. Las pelís de culto sobre la ciudad, En la ciudad blanca de Alain Tanner y Lisbon Story de Win Wenders también lo homenajean. Es tan célebre que está abarrotado de turistas si lo tomas cerca del Chiado o del Rocio en dirección a Alfama.

Consejo de lisbia *: súbete en el barrio de Estrela y en dirección Martim Moniz, una vez que hayas visitado la Basílica y (si eres audaz, subido a su cimborrio), prepara tus cinco sentidos y tu cachivache tecnológico favorito para disfrutar de un paseo con continuos cambios de nivel a ritmo de siglo XIX (esto sí que es slow travel) por el laberinto urbano de varios barrios históricos de la ciudad. El trayecto pasa por lugares realmente angostos, recoletos y pintorescos (uno puede estrechar la mano de la señora que tiende la ropa en la ventana de la calle) y es una delicia para los fotógrafos en busca de lo infrecuente y las perspectivas inauditas. Verás desfilar frente a ti San Bento y el Parlamento de la República, el Barrio Alto, el Chiado, La Baixa y la catedral, Alfama y Graça, donde puedes apearte. Desde allí, una vez que has disfrutado de la panorámica del mirador de Graça, ve descendiendo a pie por la Rua Voz do Operário hasta el Largo Portas do Sol, donde se encuentra otro mirador, el de Santa Luzia. Un comodo paseo descendente te llevará en seguida a la Baixa.

2 Responses to “El tranvía 28 de Lisboa”


  • DEBO darle otra oportunidad a Portugal. Lo sé.

    No guardo buen recuerdo.

    Se que es mi obligación volver, porque la gente vuelve encantada y yo volví con una angüstiosa sensación de rechazo.

    La cosa de los tranvías fue algo que me gustó, aunque en un par de ocasiones dejé grabadas para siempre mis uñas en el asiento de madera mientras veía a mi prima como se le desorbitaban los ojos de puro espanto.

    Si.

    Fuimos un poco Bradshaw en Alfama. Super puestas. Pero aún no sabíamos de aquellos caminos empinados y no teníamos pillado el truco a los metros.

    El útlimo día descubrimos que para ir a nuestra cafetería preferida ( aquella que tiene la escultura de Pessoa ) teníamos una parada de metro en los piés de nuestro almacén que nos llevaba di-rec-ti-tas… Se nos quedó cara de pavas… Con los palizones que nos habíamos metido para ir!!!

    En el Elevador de Santa Justa echamos mucho de menos a los churris… subimos a última hora de la tarde, un grupito de bohemios cantaban fado y vimos brillar Lisboa, preciosa, con sus lucecitas… y ahí supimos, que debíamos darle esa oportunidad de la que te hablo… porque si nos dejamos llevar por el trato del personal del Hotel, el aereopuerto y el taxista timador…. no me vuelven a ver el pelo en Portugal ni para comprar toallas.

  • He dicho almacén. Se me ha ido la olla. Queria decir HOTEL.

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